viernes, 28 de septiembre de 2007

Un genuino granito de pura felicidad

Si hay un acontecimiento que puede marcarte de por vida, sin lugar a dudas, éste es el nacimiento de un hijo. El jueves de la semana pasada nació Claudia, mi primera hija. Ha sido una experiencia que cada vez que la repaso en mi mente, me hace estremecer de placer y nerviosismo. De hecho, hay imágenes grabadas en mi mente de tal forma que puedo revivir las sensaciones que nos envolvieron. Me gustaría relataros lo que viví para compartir con vosotros ésta experiencia tan increíble.

Fue un día muy largo. Nos acostamos tarde el día anterior al venir de la celebración de mi cumpleaños. A eso de las 5:00 de la mañana mi mujer empezó a sentir las primeras molestias. No le dio importancia hasta las 06:30, momento en el que yo me desperté al verla agitada y nerviosa. Me acordaré siempre del comentario que me hizo al despertarme: "Creo que hoy no vamos a ir a trabajar". Se activó en mí un resorte de alarma que me hizo salir disparado de la cama a pesar de lo mucho que me gusta hacerme el remolón.

A pesar de que debía estar preparado para la situación dada la evidente proximidad del momento, todos lo nervios de la espera de las semanas precedentes, toda la ilusión por ver como es el nuevo miembro de la familia y toda la incertidumbre de la nueva experiencia, se apoderaron de mí, haciéndome actuar como el padre primerizo que en los cursos preparto nos presentaron como prototipo (y de los que yo mismo no daba crédito de lo torpe que se volvían).

Corrí arriba y abajo, preguntándole a mi mujer constantemente como estaba y cogiendo las bolsas y elementos necesarios para el hospital (que afortunadamente, teníamos preparados en la entrada de casa una semana antes). Cogí apresuradamente el despertador que tenemos en la habitación y cada vez que veía como cambiaba de expresión mi mujer, anotaba en el móvil la hora de la contracción. Efectivamente, eran cada 5 minutos y llevábamos más de una hora con ellas, así que, siguiendo instrucciones del manual de "padres primerizos", cargué todo en el coche, ayudé a mi mujer a subir y, como había empezado a contar las contracciones con el despertador, me lo llevé para contarlas siempre con el mismo reloj (consejo para futuros padres primerizos: contad las contracciones con el reloj de vuestra muñeca y no con el despertador; es más cómodo...).

Una vez en la carretera, empezó la primera de las peticiones que hice ese día al de allí arriba a ver si conseguía oírme: que no haya un gran atasco en el Nus de la Trinitat! Bueno, parece que se apiadó de nosotros y la verdad es que "sólo" tardamos 35 minutos en cruzar el puente de Santa Coloma.

Llegamos a la clínica a las 09:00 de la mañana. Pedimos a una comadrona que hiciera las pruebas porque creíamos que íbamos de parto. Entonces, llegó la pregunta fatídica: "Es el primero?" Obviamente, ante nuestra confirmación, la respuesta fue, "iros a casa y que ella se tome un gelocatil para el dolor". Contrariados, fuimos al bar del hospital a desayunar para irnos de nuevo a casa. En el transcurso de tomarnos un café con leche, las dichosas contracciones hicieron acto de presencia de forma cada vez más dolorosa, así que volvimos a ir al área de partos a que volvieran a considerarnos en cuenta. Superamos la mirada contrariada y acusadora de la comadrona que nos atendió la primera vez y conseguimos una segunda comadrona que nos confirmó que mi mujer tenía contracciones (No me diga!) y que íbamos de parto. Eran las 10:00 de la mañana: todo un record!! De irnos a casa a las 09:30 a estar de parto a las 10:00!!

Entramos en sala de dilatación. Pedimos epidural y mientras llegaba, cogía fuertemente la mano de mi mujer para ayudarla a soportar el dolor. Respiraba aceleradamente con ella en los momentos de mayor exigencia y le calmaba cuando había un descanso. Me sentí impotente y angustiado: la mujer a la que amo se doblaba del dolor y yo no podía más que darle mi mano para que la pudiera apretar con fuerza.

Ya más tranquilos con la llegada de la bendita anestesia, pudimos dedicarnos los últimos momentos Pre-papás a mirarnos a los ojos, decirnos que nos queremos y desearnos que todo fuera lo más rápido posible.

Me vistieron como de cirujano (camisola y pantalón verde, peucos para los pies y gorrito con agujeritos en el pelo) y de esa güisa, como el Dr. Bilches, entré en quirófano donde nos esperaba la recta final de esta aventura.

Tardó solo 15 minutos en salir. Fue increíble y tuve la suerte de poder verlo todo: como salía su cabecita, como empezó a gritar antes incluso de sacar los brazos, como se adentró a este mundo gracias a el último empujón que le dio mi mujer. Para mí, como hombre, el hecho de poder asistir a un proceso del que físicamente estás completamente al margen desde el mismo momento en el que te enseñan el test de embarazo con el resultado positivo, ha sido el mejor regalo que he podido recibir.

La limpiaron y se la dieron a mi mujer para que la apoyara en el pecho. Durante los segundos que duró el primer abrazo entre madre e hija, cuando el sudor, el sufrimiento y el dolor dieron paso a la ilusión, a la ternura y a la alegría, se grabó a fuego en mi corazón una imagen tan embriagadora que cada vez que cierro los ojos y la recuerdo me invade tal sentimiento de emoción, de ganas de llorar y de reír, de abrazar y de amar, que os puedo asegurar que, para el resto de mi vida, guardo en mi interior un genuíno granito de pura felicidad.





Muchas gracias a todos por vuestro cariño, compañía y apoyo!


miércoles, 26 de septiembre de 2007

El pastel de chocolate


El pasado miércoles celebré mi cumpleaños. La verdad es que me gusta mucho celebrarlo con una buena cena rodeado de mi familia y amigos y un buen pastel de chocolate. Mi mujer fue la que me enseñó a disfrutar de la celebración del día en el que vine a este mundo porque me mostró que ése día representaba una excelente oportunidad para reflexionar sobre mí mismo, los seres queridos que me rodean, el pasado y el futuro; en definitiva, que es un buen momento para poner en la balanza lo mejor y lo peor y, mientras esperas el veredicto de la voz de tu conciencia, compartirlo con quienes sacrifican su tiempo por estar a tu lado.

Mi momento especial es cada vez que me toca soplar las velas. Existe un delicioso instante durante ésta tradicional ceremonia en la que me propongo a mí mismo una nueva imagen de mí, aquello que me gustaría conservar y me gustaría cambiar, como una evolución de mí mismo, de mi relación con quienes me quieren y el mundo que me rodea. Siempre me ha hecho ilusión esa sensación de creación y de comienzo, de contemplarte a ti mismo como te gustaría ser y degustar el cosquilleo en la barriga de poder conseguir esas metas.

Son los momentos del "me gustaría...", "y si hiciera...", "como disfrutaría si...". Es como volver a nacer. Me permito proyectarme en mi imaginación, embarcarme en una góndola por los tortuosos canales del futuro y dejarme llevar por todas las diferentes vías que mi conciencia, mi fiel guía, me sugiere al oído con su inestimable fuerza y ardor.

Después, claro está, soplo las velas, y mientras la gente de mi alrededor aplaude y me felicita, yo siento como el sueño se aleja y deja paso a la responsabilidad conmigo mismo de tener que luchar en la vida real por conseguir acercarme a aquél. La luz de las velas deja paso al humo del fuego apagado que asciende en el aire dejando tras de sí ese agradable olor a esperanzas recién nacidas.

A continuación, suelo sonreír hacia mi interior y mirar hacia los ojos de mi mujer. Éstos me entienden, como yo los entiendo cada vez que ella sopla sus velas en su día. Y al final, todos los reunidos, compartimos pensamientos no pronunciados mientras nos envuelve el dulce sabor a chocolate del pastel de cumpleaños.

martes, 18 de septiembre de 2007

Elijiendo en las encrucijadas


Sí, después de mucho vacilar, por fin me lanzo a empezar esta nueva aventura. Animado por un nuevo amigo que me inició en su blog "estaconversaciónhaterminado" y viendo el espacio personal y humano que se comparte hoy en día en la red, me parece que ha llegado el momento de poder participar yo también de ésta nueva oportunidad de compartir y conectar con quien quiera escucharme.

No soy escritor y me encuentro, la verdad, un poco inseguro de cómo o qué escribir, más que nada porque nuestro tiempo es nuestro bien más preciado y no me gustaría que quien leyera mis líneas tuviera la sensación de no haberlo disfrutado. Es ésta en realidad, una de mis mayores preocupaciones actuales, dado que realmente me encuentro en la necesidad de tener que decidir qué hacer con él y cual es la mejor forma de aprovecharlo vitalmente. Y supongo que el nacimiento de éste blog está directamente relacionado con éste hecho, es decir, con la incertidumbre de tener que hacer frente a decisiones cuyo horizonte no puedes dislumbrar y de las que prácticamente nada conoces.

Es una sensación abrumadora, al menos para mí. Supongo que más de uno puede haber sentido esa sensación de vértigo cuando de repente, una vida escrita en perfecto orden ascensional,
con un índice inmaculado de un plan de carrera, cobro de pagas extras y pagos de hipoteca, llega a una encrucijada en la que tus seguridades ya no existen y debes lanzarte a una especie de vacío. ¿Sabéis de lo que hablo? Es como si el currículum vitae para los próximos 10 años que te habías ideado, de repente desaparece, deja de existir, se evapora. Y no es que no hayas tomado nunca decisiones, claro que no! Ya hemos ido decidiendo, lo hacemos a diario, pero normalmente, siempre hay un camino, una guía que te indica, como cambiar de carril en una autopista pero de dirección única.

Y de repente, final de camino. Y has de decidir: derecha, izquierda, marcha atrás, me paro y me lo pienso, intento tomar el primer atajo a mi querida autopista... Todo vale, toda decisión tiene sus puntos positivos y negativos, pero el dilema es saber cual es la que te conducirá al destino que tú quieres. Así que al final, has de hacer acto de fe y lanzarte, como Indiana Jones en "La Última cruzada" cuando salta al puente invisible que tiene frente a él porque no le queda otra que confiar en que su decisión sea la correcta.

Encrucijadas y elecciones. Dilemas y decisiones. Vivir creo que és exactamente eso. Y por ello nace
"facing dilemmas", mi pequeño (y espero que también el vuestro) espacio en el que compartir las experiencias que vaya viviendo. Porque al fin y al cabo, cada día debemos afrontar dilemas morales, personales, laborales, de auto realización y de cualquier tipo; y debemos decidir sobre ellos. Y estoy convencido que compartirlos es la mejor forma de enriquecernos como seres humanos.