martes, 16 de octubre de 2007

Con cuatro suspensos...


El pasado mes de septiembre la ministra de educación, Sra. Mercedes Cabrera, mencionó la posibilidad de poder pasar de curso de bachillerato con cuatro suspensos. La razón para poner en marcha esta nueva iniciativa es la de evitar que haya abandono escolar por parte de aquellos alumnos que se encuentran en esta situación y han agotado las posibilidades de seguir en la escuela.

Y yo me pregunto: ¿es la mejor forma de ayudar a los alumnos rezagados el dejarles acceder a un curso escolar superior cuando no han superado todas las pruebas precedentes? Algunas de las dudas que me asaltan ante tal propuesta son:

- ¿Cómo podrá superar un alumno que no ha podido hacer frente a las asignaturas de un curso a una cantidad por lo menos igual de asignaturas pero más específicas y encima estudiar hasta 4 de las antiguas?
- ¿Cómo podrá resolver realmente el problema que provoca su retraso si no se le ayuda a resolverlo porque se deja que siga latente al no identificar la razón real de dicho retraso?

Por otro lado,

- ¿Qué alicientes tienen los alumnos para no suspender hasta cuatro asignaturas y aprobarlas todas?
- ¿Qué pasa con el profesor que ha de explicar el temario a alumnos no motivados?
- ¿Qué pasa con esos alumnos que sí que siguen el ritmo y se ven "frenados" por los repetidores?

En mi modesta opinión considero que ésta es una medida del todo absurda y que en verdad no enfoca realmente el problema. Si un alumno no es capaz de seguir el nivel del curso académico hay que invertir en averiguar el porqué y darle el apoyo y herramientas necesarias para que pueda superar la prueba. El hecho de dejarle pasar (promoción "automática") es una de las medidas menos costosas para el sistema en recursos, pero la menos beneficiosa tanto para el alumno como para el conjunto de la sociedad. De hecho, no hay nada más alejado de la realidad que nos rodea que el hecho de ser permisivos; quiero decir, todos exigimos lo mejor para nosotros y los nuestros y no veo compatible un plan de estudios que permite hasta cuatro suspensos. El día que los alumnos educados en éste plan lleguen al mercado laboral, ¿permitiríamos nosotros mismos alguna negligencia por "desconocimiento" en su trabajo? Por poneros unos ejemplos:

- ¿Permitiríamos que visitaran a nuestro hijos pediatras que hubieran suspendido reiteradamente la asignatura de educación infantil?
- ¿Nos pondríamos en manos de un cirujano que suspendió anatomía pero fue pasando de curso?
- ¿Permitiríamos a un arquitecto que hiciera los planos de nuestra casa y que hubiera suspendido la asignatura de Materiales?
- ¿Pondríamos nuestro dinero en un Banco cuyo director ha suspendido reiteradamente matemáticas?

No sé, se me ocurren miles de situaciones por las que el modelo de "dejar pasar" no casa con el modelo de vida real en el que me desenvuelvo (es decir, "no valen excusas"). Creo que en verdad hay que coger el toro por lo cuernos e invertir en que los alumnos de nuestras escuelas sean lo más aplicados, eficientes y estudiosos que puedan llegar a ser. Nuestro deber es descubrir cómo conseguirlo y ponerlo en práctica para que estudiar no sea una obligación si no una devoción (es decir, que te sientas bien por el mero hecho de saber cada día más).

Para concluir, quisiera comentar que durante 5 años (de los 11 a los 15) fui un alumno clasificado por el sistema educacional de "casi suficiente" (es decir, insuficiente) en muchas de las materias que cursaba. Pasaba de curso limpio pero siempre ranqueando. De repente, a los 16 empezó todo a cambiar hasta poder tener en COU una media de 8,5. Que yo sepa, no tuve una upgrade milagroso de mi cerebro, sencillamente un día entendí el mecanismo y me adapté a él. Con el paso del tiempo, he llegado a la siguiente conclusión: si el sistema hubiera invertido en mí con 11 años más tiempo en explicarme el "cómo", me hubiera ahorrado muchos sin sabores y decepciones personales, además de haber aprovechado más mi tiempo.

martes, 2 de octubre de 2007

El respeto a los símbolos

He asistido con creciente preocupación a la escalada de violencia verbal y vanalización que los medios de comunicación han recogido a propósito de la acción de la quema de las fotos de los actuales Reyes de España. Es, en mi opinión, una acción del todo reprensible dado que, desde el punto de vista político, existen otros canales mucho más efectivos para exponer una opinión contraria a la institución monárquica y, desde el punto de vista humano, personalmente me afectaría ver como alguien al que no conozco de nada quema públicamente una foto mía.

Lo que más me sorprende es que una acción que no debería haber pasado de un comentario en las publicaciones periodísticas de Girona, está generando un debate general al que, finalmente, se ha añadido el propio Rey.

Después de leer las últimas noticias en los periódicos, no salgo de mi asombro al comprobar la falta de madurez en las formas que demuestran quienes participan en éste debate. Me explico: me parecen muy poco maduros los autores materiales de la quema de la foto, dado que seguramente buscaban la sensacionalidad informativa y la "fama" rápida de realizar una acción, por lo menos, fuera de lugar en nuestros días; me parecen, además, poco maduros los medios de comunicación quienes, ávidos de contenidos "espectaculares" que enganchen a audiencias, han generado un debate mediático sobre las instituciones de éste país no de una forma seria, prudente y rigurosa, si no buscando la confrontación entre todos aquellos que expresan su opinión a través de ellos; me parece muy poco maduro que la clase política se haya sumado al discurso de "yo defiendo la monarquía" vs "yo quiero que el rey rinda cuentas como todos los demás" alimentando la confrontación; por último, me parece poco maduro que la propia sociedad se plantee un debate institucional del calado que representa la institución del gobierno de un país de ésta forma tan poco respetuosa.

Deberíamos, a mi entender, ser lo bastante maduros para no entrar en polémica con una provocación tan nimia; deberíamos, también, ser lo suficientemente maduros para saber que quemando, destrozando, hiriendo, chillando o matando no se llega a ninguna parte, más que a la pérdida de la convivencia y los pilares de cualquier sociedad civilizada que busque el bienestar físico y espiritual de sus miembros.

Sin dudar que en un estado de derecho, es un derecho, valga la redundancia, el poder objetar de las reglas de convivencia que rigen la sociedad y que se debe garantizar que todas las opiniones sean respetadas y, en caso de aglutinar una mayoría de consenso, puestas en forma de Ley para el cumplimiento por parte del resto de la sociedad, es, para mí, una obligación para los integrantes del mismo estado de derecho, respetar y conservar las formas de comunicación y exposición de sus opiniones. Si no respetamos la reglas de expresión y convivencia, nos queda la destructiva anarquía.

Sin pronunciarme a favor o en contra de si es adecuada o no la monarquía para nuestro país, actualmente el Rey representa nuestra forma de gobierno, es decir, es el símbolo viviente de nuestra forma de gobierno (como la constitución es la representación documental legislativa). Así que, dado que es un símbolo de nuestra forma de convivencia, deberíamos tener el suficiente grado de ciudadanía para no vanalizar o polemizar fútilmente sobre él en un debate público y estéril. Si queremos cambiar de forma de gobierno, discutámoslo de forma abierta y sin restricciones, pero en el marco de serenidad y respeto que se merece el contenido de nuestra discusión.

Al fin y al cabo, respetar los símbolos es respetar unas ideas, opiniones, creencias. Y ésta es la mejor forma de respetarnos también a nosotros mismos.